domingo, 14 de marzo de 2010

Calling Cloclo

Cuando el 11 de marzo de 1978 se anunció públicamente el fallecimiento de Claude François, sus numerosos seguidores quedaron conmocionados. Su muerte prematura se debió a un accidente doméstico: François, justo después de haber terminado de ducharse, intentó arreglar un foco en su baño y acabó electrocutado. Apenas siete meses antes, en el otro lado del Atlántico, Elvis Presley también moría de manera extraña y sorpresiva en el baño de su casa.
Presley y François no sólo coincidieron en el hecho de haber sufrido muertes horrendas, sino también en el de haber desatado después una fiebre de conjeturas sobre las causas reales que provocaron sus decesos. De Presley se dijeron muchísimas cosas, pero la más popular de todas fue la rotunda negación de su muerte: poco tiempo después de que se anunciara la tragedia ante los medios, empezaron a aparecer toda clase de personas a lo largo y ancho de EEUU afirmando –con total convencimiento– que habían visto al ídolo; en muchos casos tenía otro aspecto, otra contextura física, e incluso otro timbre de voz, pero no cabían dudas de que era él. De François, en cambio, se habló mucho, pero nadie dudó de su muerte (si se dudó de su sexualidad –cuando las lenguas más viperinas rumorearon sobre un electrocutamiento ocasionado por el empleo de un juguete sexual eléctrico para mujeres–, de su salud –algunos mencionaron una posible sobredosis de heroína–, y de sus lealtades políticas –los más imaginativos sugirieron que el artista estaba involucrado en algún asunto de espionaje o de actividades ilegales que concluyó con su muerte “casual”, recordando el hecho de que en 1970 participó de un terrible accidente automovilístico donde salvó milagrosamente su vida, que en 1973 un fanático lo agredió durante un concierto y se le incendió después su casa de campo en Dannemois, que en 1975 escapó por muy poco de un atentado que realizó el IRA contra el hotel en el que se hospedaba en Londres, y que en 1977 un desconocido le disparó cuando manejaba su auto–).
En vida, François y Presley coincidieron en haber protagonizado carreras exitosas como intérpretes sobre los escenarios, pero la de Presley lo fue más, puesto que gozó de una fama internacional a la que François siempre envidió y nunca pudo copiar. Cloclo fue para muchos el Elvis francés, pues deliberadamente construyó su carrera tomándolo como modelo. En rigor, la deuda de François con el cantante norteamericano es gigantesca, pues de él imitó el gusto por los movimientos audaces, los trajes brillantes y los gestos seductores a la hora de cantar. También tradujo varias de sus canciones, y como compensación Presley cantó en inglés al menos dos de las compuestas por él: “Parce que je t’aime, mon enfant” (adaptada por Phil Coulter y conocida como “My boy”) y “Comme d’habitude” (la famosísima “My Way”, en la versión traducida por Paul Anka). En la década de 1970, deprimido y afectado por las adicciones, Presley entró en una espiral descendente, mientras que François, por el contrario, comenzó a sumar éxitos ya no sólo como músico, sino también como empresario discográfico (era dueño de varios sellos como Fléche Productions, Isabelle Music y Jeune Musique), editor de revistas (dirigía la publicación juvenil Podium y una magazine de charme llamada Absolu) y productor televisivo.
Otro punto que tuvieron en común François y Presley fue su honesto interés por la espiritualidad. Mientras que Elvis pasó los últimos diez años de su vida fascinado por la práctica del yoga y por la lectura de libros acerca de doctrinas religiosas orientales, por su parte Cloclo, desde joven, se entusiasmó con el esoterismo. De hecho François había profundizado tanto en el tema que no ocultaba sus comportamientos supersticiosos (se dice que las semanas anteriores a su muerte el artista las pasó con cierto nerviosismo pues –cual René Guénon, de quien se sostenía que era atacado por fieras salvajes en pleno París, o Jean-Edern Hallier, quien veía agentes encubiertos de los servicios de inteligencia del Estado cada vez que salía a la calle– se sentía letalmente perseguido por una visión que había tenido, que en su caso fue durante un sueño). Y así como Elvis tenía a Larry Geller como su consejero en temas del espíritu, Cloclo pasó buena parte de su vida discutiendo su suerte con la vidente Françoise Robin. 
Por ello no es extraño que muchos años después de sus desapariciones físicas aparezcan discípulos de Allan Kardec que aseguran haber conversado recientemente con los ídolos fallecidos, y, por supuesto, relaten esa experiencia a través de un libro. En el caso del estadounidense puede consultarse, en este sentido, al libro Conversations with Elvis de la noruega Grethe Svendsen; en el caso del francés, recientemente se ha publicado Ici Claude François de Pierre Pernez. Ambos libros afirman contener testimonios auténticos de sus protagonistas (obtenidos durante largas sesiones espiritistas), y sus respectivos autores se ofuscan si sus obras son catalogadas como “reportajes imaginarios”.
El texto de Pernez, particularmente, no contiene nada que no se haya leído ya en los numerosos libros dedicados a Claude François. Ciertamente hay descripciones generales sobre lo que es la vida en el más allá, y también algunos comentarios sobre eventos que afectaron a la imagen de François (como la comedia Podium de 2004, en la que un fantasma de Cloclo se le presenta al protagonista –un empleado bancario y fanático del cantante– para alentarlo en su carrera como imitador suyo), pero llegado el instante más controversial, es decir, llegado el momento del relato en primera persona de su muerte, el propio artista, a través del médium Pernez, avala la hipótesis del accidente doméstico. La obra (cuya co-autora es Claire Séverac) también guarda un eco lejano con Elvis After Life, un libro que –como lo hace en parte el de Pernez con respecto a Claude François– recoge testimonios de fanáticos y de gente allegada al cantante que aseguran haber vivenciado extrañas experiencias psíquicas vinculadas a su ídolo, y que fuese escrito por el psiquiatra Raymond Moody, una de las máximas autoridades del mundo en investigación académica acerca de experiencias cercanas a la muerte.

* Pernez, Pierre y Séverac, Claire. Ici Claude François. Alphée, Mónaco, 2010, 21,90 €

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